Friday, July 21, 2006

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Thursday, July 20, 2006

Juanadrianirenejavierinesgladysnandolauralbacoralhadacristinacarlos

martamariavirginianashectoryo 

 

Como decía el Dr. Scorpio en los Simpson: “los pequeños momentos son los que hacen la vida”. Si al echar la vista atrás no conseguimos enhebrar momentos con recuerdos es como si no hubiéramos vivido, o al menos como si lo hubiéramos hecho como autómatas.

 

En mi memoria sobreviven diversas anécdotas de la infancia -no las enumeraré por carecer de todo interés para el resto del mundo con sesez en correcto funcionamiento- que repaso convenientemente siempre que mi condición de neo-adulto me da una hostia en la cara. El tiempo pasa inexorablemente para todos y el hecho de no poder controlarlo nos obliga a recurrir a la melancolía como aliado peligrosos pero inevitable.

 

La melancolía inunda todas las fotografías mentales infundiéndonos un sentimiento de tristeza ante lo que no podremos nunca recuperar. Esto sucede de un modo tan brutal que las pocas anécdotas negativas que podamos recordar se transforman en nuestra mente tergiversadora en momentos graciosos, sin mayor importancia.

 

¿Qué fue de las tardes encerrado en la habitación escuchando música cutre?

¿Qué fue de la cara mirando al suelo al pasar al lado del matón de octavo?

¿Qué fue del final del verano?

¿Qué fue del primer grano en la frente?

 

Desvanecido en nada…

 

Como si sólo hubiéramos vivido buenos momentos, muy al contrario de cualquier momento presente.

 

Como cuando una relación afectiva se termina y llegan los domingos por la tarde en que la siesta post resaca es la única compañía. Todos esos momentos compartidos con la pareja de marras eclipsan totalmente las broncas absurdas, la incomprensión, las horas de soledad en compañía e incluso las astas.

 

Esta semana he acudido a Madrid para asistir a un curso de verano del Escorial en el que participaban prohombres de sumo interés como el presidente de la CNMV o el dircom del Santander entre otros. Llegado el momento de las valoraciones: ha sido genial, sé que recordaré con mucha melancolía todo lo vivido durante estos días, que como todo lo bueno pasaron muy rápido, casi sin que me diera cuenta.

 

Sin embargo este sentimiento garrapatero no se deberá a ningún conocimiento adquirido durante las 30 horas que duró mi curso, más bien se deberá a todas las personas que tuve la suerte de conocer y a los buenos momentos que me dejaron compartir con ellos.

 

No soy muy apto a las ñoñeces y considero que las cosas importantes suceden muchas veces por una correlación adecuada de circunstancias entre las que se encuentran la famosa estar en el lugar correcto en el momento preciso. Aún así esta inspiración de escepticismo en las relaciones vitales no impide que me acuerde con una nitidez fotográfica de las fotografías a lo Hefner, de los mojitos, de los psicoanálisis etílicos, , de los blogs, de las cenas (pan con pan), del mejor vino de una de las mejores cosechas, del arpa que nunca escuché, de la maldita cuesta, de la planta incineradora, de Bienve, de las estrellas, de la gran (en todos los sentidos) Idoa, del sitio ese tan grande con tantos cuadros, del sapo azul, verde y rojo, de pillarse un pedo a base de café jamaicano, del cumpleaños de Ana (gracias), del Carrefour o Supercor que me perdí, de las horas de sueño que fueron tan pocas que las recuerdo perfectamente, de la violencia de alcoba y el vuelo del Ángel de Juan, de despertar y que te despierten, del gay de Tabernero (y su película también) de la primera noche solo y la última sin querer dormir solo.

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Thursday, June 29, 2006

COMUNICACIÓN IMPOSIBLE

Ordenadores con internet, teléfonos fijos, móviles, de segunda, tercera y última generación, radio, televisión y periódicos, anuncios por palabras, sección de contactos, chico busca, sms y mail, inglés francés y alemán.

 

De hecho nos hallamos en la que llaman era de la comunicación, tenemos un sinfín de modos de decir a la otra persona lo que pensamos, hablamos más idiomas que nunca. No debería haber ningún problema para entendernos. Sin embargo esto no es así, me da la impresión de que el ser humano nunca ha estado tan desubicado.

 

Discusiones, te quiero porque pasas de mí, hasta que me haces caso que ya me he cansado de esperar. Ahora sí, ahora no. Puede. Quizás. Mira no sé. Conversaciones, hola, ¿cómo estás?, ¿en qué piensas?, la familia ¿bien?, pues no hace muy bueno eh, ¿te pasa algo?, no nada. Digo tengo ganas de algo, tú qué, oye digo tengo ganas de algo. Ven, más tarde, venga ahora, ya no, luego estaré ausente pero tendrás mi cuerpo, no, quiero conversación, pues eso, volveré a por ti y tú lo sabes, no, puede que cuando regreses no esté, me haya ido con el viento, como tú ahora, el momento es ahora, no ahora no que me acojono, el momento siempre es después…

 

…y así hasta que queramos.

 

Decía McLuhan o algún otro, que en una conversación cara a cara, el lenguaje verbal sólo aseguraba un 15% de la comunicación. El resto debe ser todo malentendido digo yo. ¿Quién no ha tenido o provocado un enfado por una supuesta mala cara, o tonoquenomegusta? ¿por qué me miras con esa cara de perro? Pero si es mi cara, oye no me hables así que yo te he hablado bien, pero qué dices, estás loca, buaaaaaaaaaah contigo no se puede, nunca me entiendes.

 

Esta noche siento más que nunca que ponerse de acuerdo con otra persona en algo es, a menudo, más fruto de la casualidad, que mérito nuestro. En este sentido las relaciones de cualquier índole tienen sentido siempre que hay intereses compartidos. Como dos naves que navegan juntas porque el viento sopla con la misma intensidad y dirección para ambas. Cuando una de las dos se ve arrastrada por unas corrientes cálidas procedentes de otras latitudes inexploradas, es breve el tiempo en que tardan en separarse.

 

Quizá sea inútil esforzarse por navegar en compañía. Tal vez sea más inteligente dejarse llevar por el viento y las mareas y aprovechar el tiempo que los caprichos de la mar nos permita compartir con otra nave asumiendo que no durará hasta puerto, sea en una conversación, una caricia o un beso.

 

Como ya he dicho esta noche creo que es imposible ponerse de acuerdo, pero qué quiero cuando no me pongo de acuerdo ni conmigo mismo.

 

Te quiero.

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Monday, June 26, 2006

Volver

Los que vivimos cerca del mar tenemos la suerte de poder alzar la mirada al horizonte y no atinar a ver nada más que horizonte y mar, calma, soledad y espacios por llenar. Quizá gracias a mi deficiente visión no alcanzo a vislumbrar ninguna pequeña isla en medio de tanta agua, por ello siempre me fijo en ese punto en el que mar y cielo se alcanzan en un abrazo cansado que debe formar un nuevo continente desconocido, virgen para ser visitado.


 

Hace seis años que salí por primera vez de mi casa en un primer viaje bastante intenso para un primerizo. Dispuesto a comerme el mundo, la realidad me dio una patada en el bajovientre con una fuerza suficiente para despertarme de mis sueños de niño inocente, tal que ni abrazos entre mar y cielo, ni calma y soledad. Pragmatismo, realidad y casademamá.

  

Aún así quedaba mucho por hacer y mucho por vivir, así que aprendí a soportar solo lo soportable y aunque tardé unos años llegó un momento en el que las ansias por vivir coincidieron con el valor de hacerlo y los medios.

 

Desde mi segundo viaje (ambos largos) se han sucedido una docena de viajes cortos. Antes de partir huyo de comprarme ninguna guía, ni siquiera busco en Internet. Nada que luego me cierre la boca, prefiero una página en blanco. Prefiero escuchar la voz de los lugares. Prefiero el silencio de los recuerdos. Prefiero estar libre de convencionalismos para ser libre para descubrir.

 

Lo peor de los viajes es que acaban. El carácter del viajero influye decisivamente en el modo en que se vive el viaje. He viajado de muy diferentes maneras: como voluntario en una asociación, como Erasmus, para reencontrar el amor, para perderlo, para volver a ver a nuevos viejos amigos, para trabajar, para perder el tiempo bebiendo de noche y durmiendo de día, solo, con pareja, con amigos y en grupo.

 

Lo bueno de salir de casa es descubrir. Lo malo regresar. Qué bueno cuando por la mañana te fijas en las miradas de la gente y descubres que no tienen nada que ver con las miradas que ves en el autobús de tu ciudad. Qué bajón cuando esas miradas mueren en la estación que te lleva a casa y te preguntas si alguna vez las volverás a ver. Mis viajes se amontonan en los vértices de Europa y siempre me he enamorado de las miradas, de la gente, de los tranvías, de los ríos, de todas esas cosas que no encontraré en esa ciudad en la que me tocó nacer:

  • Berlín: me quedaría para siempre enredado en cualquiera de sus calles, mitad modernas, mitad testigos de la historia. La ciudad fea más bonita del mundo.
  • Lyon: la elegancia de la ciudad y su furvière desaliña a la gente, que sabe que no se puede competir con semejante paisaje.
  • Turín: nunca conoceré una ciudad mejor para tomar un café en cualquiera de sus docenas de piazzas. Solo o acompañado, da igual.
  • Toulouse: música callejera y charla en la ribera del Garone, el lugar de reunión más sugerente que he conocido nunca.
  • Ámsterdam: sensaciones en un ambiente narcótico y cosmopolita en el que resulta fácil conocer a transeúntes de cualquier parte del globo.
  • Basilea: toda una experiencia para los que venimos del sur, el paseo a lo largo del Rihn fue quizá el más melancólico que he hecho en toda mi vida.
  • Münster: me confortó ese calor hogareño en una ciudad en la que no entendía ni papa.
  • Henschede: amor y desamor mezclados en una turmix.
  • San Sebastián: difícil elipsis: absolutamente todo.
  • Barcelona: la elegancia de la ciudad más burguesa de España. Bonita, de verdad, pero no está hecha para mí.
  • Segovia-Salamanca-Valladolid-Ávila: mil monumentos y paisajes, pero sobre todo las calles del vino. Por fin descubrí lo que es verdaderamente irse de tapas.
  • Madrid: es posiblemente la capital europea más fea, o peor hecha, o al menos, menos bonita. Sin embargo es sin duda la más acogedora. Reza un eslogan si vienes a Madrid, eres de Madrid, juro que es verdad, me sentí en casa desde el primer momento. La hecho de menos.

 

Como he dicho he viajado siempre dentro de Europa y de diversos modos. Sin embargo vengo de un viaje muy especial del que no esperaba nada y he encontrado mucho. Nunca me he considerado turista. Odio esa palabra, tal vez porque vivo en una ciudad turística y he trabajado en el sector en durante algún verano. Odio la saturación, odio la falta de respeto de muchos turistas y odio lo poco que se esfuerzan por conocer la/mi ciudad, que tiene mucho más que playas y bares baratos (para ellos claro).

 

Pero he de reconocer que si algo fui en mi último viaje, la palabra es turista. Con todas las de la ley. En mi defensa he de decir que fue por un cúmulo de circunstancias, pero así es. Deseaba ir a Florencia a reencontrarme con dos amigos y conocer esa ciudad, que debe ser lo más in, o como dicen en mi tierra: la hostia. Sin embargo dos días antes de partir compré un viaje para dos en una agencia de viajes mayorista (por primera vez en mi vida) con destino a Tenerife. Billete+hotel MP.

 

La elección se fundamentó en la falta de tiempo para planificar y en el deseo de mi acompañante, a la vez que primo, de playa y fiesta. Sin haber ido antes, conocía la isla ya que había organizado el viaje de fin de carrera de mi clase a Tenerife, aunque por razones que no vienen al caso no pude ir.

 

Turista por primera vez y por primera vez fuera de Europa. Además con un compañero de viaje muy sui generis. Poco esperaba aparte de precisamente playa y fiesta. Por eso estaré siempre agradecido a esa isla y a las personas que me encontré por ser como son.

 

Como ya he dicho lo peor de viajar siempre es volver. Regresar a casa, a tu verdadera casa, yo en Tenerife fui más turista que nunca y me sentí más a gusto que nunca. En e aeropuerto me volví a preguntar lo de siempre, sólo que esta vez con un regusto más amargo. Tenerife en general y Puerto de la Cruz en particular son desde ya lugares a los que deseo volver.

 

De acuerdo, quien me conoce sabe que eso no es nuevo. Siempre quiero volver, sólo que esta vez el anhelo es quedarme. No ser nunca más un turista en esta isla sino ser de esta isla.

 

Esto sólo me había pasado con Madrid. Aparentemente qué distintos Madrid y Canarias, ¿verdad? Yo los percibí distintos lógicamente pero exactamente iguales en un aspecto. Me sentí integrado desde el mismo momento en que llegué; sí, como en casa, solo que no tienen nada que ver a mi casa. Seguramente mejores.

 

 

Canta con humor Arístides Moreno, cantautor canario: lo mío es posición horizontal. Según el que fue durante meses mi hermano, Gerardo de Las Palmas, así somos los canarios, las cosas con calma. Las miradas por la calle son afables y amistosas, diálogos visuales se suceden a cada momento, enhebrando los segundos a ritmo de Dorada y brisa. Los tinerfeños son abiertos para el extraño y generosos para el viajero. Además no han perdido su integridad, al menos en el Norte. Han sabido poner en valor sus valores y conjugarlos con el turismo de masas conservando sus costumbres y modo de vivir.

 

No voy a hablar de lo que hay que ver o hacer en la isla. Cada uno encontrará algo en función de lo que ande buscando, yo me quedo con todo.

 

Pero, ¿por qué volver? Los amores de verano mueren con los últimos rayos en la playa y con las primeras gotafrías. Luego hay que volver a nuestra auténtica vida, la invernal. Acurrucados en nuestras rutinarias madrigueras, anhelando lo vivido y deseando que llegue de nuevo el verano con nuevas experiencias que nos hagan felices de nuevo. Si eso que sólo vivimos durante unos momentos nos llena, ¿no será ésta la auténtica vida? Igual nos seguimos aferrando a lo que conocemos y dominamos engañándonos a nosotros mismos.

 

Cada vez que vuelvo me planteo si elijo lo que hago, o elijo por defecto. Me doy cuenta de que hay personas y lugares muy especiales repartidos por el mundo. Echar de menos es un sentimiento muy bonito, pero por qué conformarse con anhelar cuando puedes realizar tus deseos.

 

En el fondo la cobardía más que una barrera es una excusa para no tener que perder sin saber cuánto se va a ganar.

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Monday, May 29, 2006

EL ARCO

Kim Ki-duk es un poeta metido a director, o un director empeñado en hacer de cada plano un verso, una de dos, o quizá un poco de las dos. De su educación en París parece haber aprendido más de Rimbaud y Baudelaire que de Truffaut

Uno ya sabía de las mentiras de las pelis de indios y vaqueros pero después de ver El Arco se aprende un poco más a ver las dos caras de las personas, de las relaciones e incluso de los delitos, porque en esta vida, salvo en la NBA, hay pocos blancos o negros.

Precisamente de las dicotomías de la vida nos habla el arco, a veces paradójicas, a veces absurdas, a veces dolorosas, otras gratificantes, pero siempre con un análisis tan poético que no cabe lugar al juicio moral. Haciendo un ejercicio de análisis en esta mañana laboral se podría enumerar una serie de ambivalencias asentadas sobre todo en la relación violenta (cómo si no) tradición-modernidad personificada en:

  • El anciano encarnando los ritos y costumbres populares.
  • El chico accidentalizado, perdón quise decir occidentalizado.
  • La chica en medio de dos planetas de galaxias lejanas.

Sin embargo las dicotomías más interesantes surgen del interior de cada uno de los personajes, entre el deber y el deseo, entre las normas morales y los sentimientos y sobre todo entre la belleza y la destrucción, y es que Kim Ki-duk es todo un maestro a la hora de sacar a la luz la inocencia de sus personajes, incluso en las circunstancias más adversas. Silencio como herramienta de expresión, atmósferas llenas de aforismos y violencia contenida.

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Thursday, May 18, 2006

Poder con dos rombos

El poder engatusa, crea adicción y finalmente corrompe. La erótica del poder, el poder de los ejércitos y el poder de las armas, el poder judicial, legislativo y administrativo, el cuarto poder, Rousseau, Montesquieu y Voltaire y el poder ciudadano, bueno seamos serios este último no.

Hitler, Mussolini, Stalin y te pongas como te pongas mi querido (por único) lector: Castro. Todos y cada uno de ellos constituye un ejemplo universal y a la vez particular de uso indiscriminado del poder siguiendo singulares consideraciones, de modo tal que arrastran a millones de personas individuales. Por no hablar del poder de los reyes transmitido por vía directa de Dios.

Qué sería lo contrario del poder, ¿sumisión?, quizá obediencia. Pero en un sentido político, no creo que sea precisamente la democracia, ni mucho menos el comunismo, tal vez el anarquismo… ¿Habéis pensado alguna vez lo que pasaría si hubiera triunfado como forma de gobierno el desgobierno? Venga concretemos, pensemos en Bakunin, padre del anarquismo. Imaginemos, con ese pensamiento tan mágico que Dios nos da, en Bakunin como máximo líder de un gobierno internacional basado en sus ideas. ¡Qué paradoja!

Dejemos de momento al tío ahí desgobernando con sus ideales firmes. Volvamos a la erótica del poder. ¿Qué tiene el poder que un ejemplar con el rostro de E punto Z punto, con esa cara de mostrenco, puede tener un affaire con una tíabuenaintegral como E punto A punto?

De todas formas este ejemplo no explica, sino demuestra algo que todos sabemos: el poder tiene un alto contenido sexual, pero sigo sin saber explicarlo. Asumiendo la imposibilidad de explicarlo de modo teoremático hagamos otro intento. Pensemos mis queridos amigos heterosexuales o amigas lesbianas en una mujer con mucho poder y muy feo, así a bote pronto: ¿La princesa Isabel II? Comprobemos. Su rostro puede ser comparado con unos cuantos animales empezando por el mono de culo rosa. Ser reina de Inglaterra le confiere bastante poder, comprobado. Ahora hagamos la prueba, ¿estáis solos?, ¿podéis entrar en el aseo? Si no siempre podéis esperar a acostaros y entre las sábanas, proceder a lo que ahora mismo me dispongo:

  • Agarrad con fuerza vuestro sable viril.
  • Si es necesario utilizar las dos manos ¡enhorabuena!
  • Dejad la mente en blanco, este punto es muy importante, hay que asegurarse que no se despierta ningún pensamiento furtivo de E punto A punto, porque arruinaría el experimento.
  • Comenzad a imaginaros a la reina, con ropa interior, en el presente caso, insinuar es más recomendable que mostrar.
  • ¡VAMOS!

(…)

Yo personalmente soy incapaz, lo cual arruina el paradigma erótica del poder. Sin embargo, ¿no creéis que la Kopolowitz está bien buena? Pero imaginémosla vendiéndonos el pan, de acuerdo puede ser que pierda bastante. De modo que como esto es mi blog y yo mando sobre él se acepta, de modo universalmente probado que el poder pone, gracias al experimento 2 llamado: Alicia Koplowitz.

Volvamos a ese personaje carismático desgobernando sin afán de imposición. Pensemos en alguien sensual del s XIX tipo Pamela Anderson, pongamos la Zarina Alejandra. Ante la contemplación de una divinidad en esplendor y la posibilidad de practicar junto a ella juegos lewinskanos, dudo que ni siquiera un espíritu rebelde a la altura del Che sucumbiera, anteponiendo el placer al deber.

Es lo que tiene el poder que te permite realizar sueños inalcanzables. Repasemos el refranero popular:

  • Más vale tener amigos poderosos que amigos ricos.
  • Cuando que mandan pierden la vergüenza, los que obedecen pierden el respeto.

…y es que ni la sabiduría tradicional lo tiene claro. Aristóteles decía que “el mando de muchos no es bueno, basta un solo jefe” refrendado por el famoso donde manda patrón no manda marinero, el problema es que todos queremos ser patrón o al menos acostarnos con él y el lecho es muy estrecho.

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Monday, May 15, 2006

EL AMOR RAPIDO, EL SEXO DEPRISA Y LA NEOMORAL

¿Conocéis una discoteca que se llama Space? Está en Ibiza y desde ya, es el escenario de todas las fantasías nocturnas, húmedas o narcóticas.

Un amigo íntimo fue un fin de semana desde Alicante en un viaje organizado que incluia billete de barco, entrada a la discoteca y habitación en un hotel en régimen de Media Pensión. Al paquete de fin de semana sólo le faltaba incluir las raciones de sustancias estimulantes. Poco importó, ya que les fue fácil acceder a ellas, gracias a unos agradables comerciales callejeros, pequeño eslabón de la cadena distributiva del ocio nocturno.

El viaje fue al parecer placentero, según se cuenta. Sin embargo lo que más se recuerda de ese viaje, siendo lo que permanece en el subconsciente colectivo de todos los que hayan escuchado la crónica del mismo es una anécdota protagonizada por uno de los cuatro que emprendieron dicha aventura al que llamaremos desde ahora: Elfolla4.

Elfolla4 fue capaz de tener experiencias sexuales hasta con 4 mujeres distintas en tan sólo dos días y lo más sorprendente es que sólo con una de ellas tuvo la intimidad de una habitación como madriguera. Ni tan siquiera unos aseos más o menos pulcros les aislaron del exterior. Elfolla4 copuló con tres hembras distintas delante de los espectadores que quisieran mirar dentro de la misma sala de la discoteca.

Muchos interrogantes, lo sé. Yo también tengo mil preguntas que hacerle pero me temo que es un tema delicado, ya que Elfolla4 tiene actualmente pareja, la misma que tenía durante el viaje de turismo sexual (y dicen de Indonesia), por lo cual este tema es algo tabú.

¿Cómo es capaz de hacerlo? La conciencia puede ser algo que se aprende para luego olvidar. Pero más que la moral o inmoralidad me interesa la técnica. ¿Cómo alguien es tan eficaz en sus herramientas de seducción? Además, ¿cómo es capaz de convencer a su pareja de turno para hacer un homenaje al festival de cine erótico de Barcelona ofreciendo un espectáculo al personal? ¿Cómo se siente ante tal demostración de poder?

Sobrenatural.

Tanto que hasta que no se me demuestre lo contrario, consideraré que Elfolla4 dispone de un sónar en la frente como los delfines (por algo se queda calvo) que utiliza para emitir ondas en una frecuencia indetectable, que hipnotiza a las féminas.

De hecho esta noche mi amiguete ha organizado una fiesta en su casa. Van Elfolla4, cuatro tías, Elnofollonipagando, mi amiguete y su novia, yo quería ir pero como es una cena de parejas no me han dejado…

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Thursday, March 23, 2006

Del final de las cosas

Va Borges y dice: La muerte es una vida vivida y la vida una muerte que viene. Y se queda el tío ahí tan pancho. Con una naturalidad tan brutal que tiene muy poco de natural.

El ser humano aprende por repetición igual que los perros, pero el hombre es el único animal que cae dos veces en la misma piedra, no como los perros. Tanto los perros como el resto de animales aceptan el fin de un modo natural, todos menos los hombres que nos aferramos a los recuerdos, a la imaginería de un pasado mejor y un futuro incierto. Y es que a veces la inteligencia tiene muy poco de inteligente.

Por aquí anda mi amigo Pau, hecho polvo el tío, porque acaba la serie 7 vidas tras 7 años en antena. Bien.

Por Cuba anda un vecino mío, hecho polvo el chaval, porque acaba de dejarle su novia después de 3 años en la brecha. Bueno.

Por el INEM anda Carolina Ferre, a la que le echaría un polvo un servidor, porque vuelven a dejarla sin programa después de un mes. Otra vez.

Y yo afectado por el efecto liebre. ¡Ea!
Según la RAE la liebre es: En atletismo, corredor que en las pruebas de larga distancia se pone en cabeza para imponer un ritmo determinado al resto de los participantes. De este modo el corredor que va en cabeza tiene la sensación de ir perdiendo y sigue esforzándose para atrapar la escurridiza liebre. En realidad el corredor está cumpliendo sobradamente con su trabajo, pero parece no hacer lo suficiente para lograr el éxito de su empeño.
Un día me gustaría ver una carrera en la que el corredor se detuviera antes de cruzar la meta y dejara de perseguir a la liebre porque se dé cuenta del camelo. Ante las preguntas de los curiosos respondería:
-Prefiero hacer otras cosas más interesantes.
Por ejemplo podría hacer salto de longitud, ya que tirarse a la arena puede ser muy gratificante si Larena está buena.
Sin embargo somos como somos y si fuéramos de otro modo no seríamos seres humanos y nos convertiríamos en seres superiores como deben ser los perros. Parece que siempre perseguiremos la liebre de turno en lugar de pensar en todas las Larenas sueltas y aceptaremos de muy mala gana el final de las cosas, aunque haga tiempo que no nos satisfagan en absoluto.
Ayer soñé que había una rata en mi casa que me miraba. Yo no me atrevía a matarla aunque sabía que era lo que debía hacer. La razón no era el asco, más bien la pena de dejarla sin vida. Al final tuve que hacerlo ante los requerimientos ajenos. De un miedoso zapatazo hice que estirara la pata. Acto seguido me llevé las manos a la cabeza y me puse a lamentar la muerte del animal.
Admitámoslo, sólo tenemos algunos genes más que la mosca de la fruta.

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Friday, March 17, 2006

Cibercotillas y otras especies interiores

En nuestra sociedad actual, asentada sobre los cimientos de la Era de la Comunicación, la información ha pasado de ser un derecho a convertirse en un auténtico privilegio. “La información os hará libres” se nos dijo y los de siempre parecieron entender “quien posea la información poseerá el poder” y comenzaron a surgir mecanismos de control de información ligados al poder. En eso que los periódicos dejaron de ser eso y se convirtieron en empresas capitalistas y se comenzaron a comportar como yuppies en celo, seduciendo, ligando y fornicando con el poder político.

Ese afán por controlar el poder es, cada vez más, un rasgo de nuestra sociedad que desciende desde las altas esferas y el mundo económico a la cotidianeidad de nuestras vidas mundanas. Si aún no os habéis dado cuenta os pondré a prueba: para todo aquel que desee conocer los secretos de su pareja, su ex o su jefe:
   1.Entrad en google.
   2.Teclead “piratear Hotmail”.
   3.Venga, ya poseéis la información necesaria para inmiscuiros en la intimidad de los demás.

Es tan fácil que asusta. Un amigo químico mío sostiene la teoría de que poder hacer algo no significa que lo vayas a hacer… Personalmente discrepo, y quizá alguno me lo demuestre, la tentación está ahí. Al alcance de un clic, por mi parte os anuncio que mi cuenta de correo ha sido vaciada pulcramente antes de publicar este post.

Y no es que no me fíe de vosotros, pero ¿vosotros os fiáis de mi?

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Friday, March 10, 2006

La gente me da asco

Tratar de satisfacer a la gente que te rodea es algo muy natural. Sin embargo esta naturalidad puede hacer que nos comportemos con la menor naturalidad del mundo. Qué paradoja. Desde hace un tiempo vengo reflexionando sobre cómo nos adaptamos en ocasiones a los demás no siendo nosotros mismos, en una especie de arcilla maleable.

 

Yo he conocido a mucha gente-arcilla, en especial cuando los dedos que dejan que te den forma son los de tus jefes. Yo también he sido en incontables ocasiones hombre-arcilla, en especial si los dedos corresponden a una persona del sexo opuesto.

 

Pero, ¿cuánto tiempo dura la forma nueva? No mucho, ya que esa forma nueva suele ser incómoda y no está en la naturaleza de una escultura cualquiera de ARCO ser un Chillida. Del mismo modo ser otra persona siempre tiene un precio, y la contraprestación obtenida no siempre lo satisface.

 

Hace poco supe la contestación de una amiga a una compañera del trabajo en el que permanecería unos 6 meses, ante los requerimientos de ésta para mantener una conversación trivial:

-Es que a mí la gente me da asco.

 

Justo cuando crees que existen una serie de normas que todos debemos seguir aparece alguien que sólo obedece a sí mismo. Aún a riesgo de quedarse sólo.

 

Eli, desde aquí aplaudo a gente como tú que mantiene su integridad, de un modo brutal. Ahora mismo estoy preguntándome cuántos conocidos vale un amigo.

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