Wednesday, August 9, 2006

AMOR, CELOS, OBSESIÓN Y POSESIÓN 2ªparte

Las condiciones en las cuales el niño tornillo fue a trabajar ese día no eran las indicadas para la exigencia diaria de su puesto laboral. La depresión postvacacional no era lo único que afectaba a su ánimo. El nuevo enroscador era un atornillador verdaderamente imponente, de acuerdo yo tengo más sensibilidad pero el tío es realmente viril, yo nunca podré competir con él mientras vigilaba las miradas de todas las tuercas, contabilizando las que le dedicaban al enroscador. Especial atención dedicaba a las miradas furtivas de la tuerca que le había vuelto del revés.

La fiesta del diesel había dado comienzo al verano y con esto a los correspondientes periodos de vacaciones. Primero había sido ella la que se marchó dejando sólo en la cadena al niño tornillo, para cuando ella quería volver el turno de él ya había llegado.

Todos y cada uno de los días de sus vacaciones ella pensó en él, pero prefirió esperar a la rutina diaria para volver a verle en ese terreno neutral que ella tenía bajo control. El día de la vuelta al tajo ella se levantó una hora antes de lo necesario, se prerparó un baño de burbujas lubricantes, después con esmero se engrasó con 3en1 las rendijas de su rosca, esa preciosa rosca y se aplicó una máscara antióxido con un barniz brillante. Espectacular.

Pero algo falló, en lugar de encontrar a quien ella esperaba ver, allí estaba el tornillo de saldo, coño él también tiene vacaciones. Un error de cálculo que le podía costar caro. No se pudo concentrar en todo el día, pensando en qué hacer para reconducir el plan. Su error lo pagó caro, por primera vez se volvió vulnerable, algo que ella detestaba, pero actuaba demasiado rápido como para ponerse a reflexionar sobre sus acciones…

Fue a buscarle a su casa nada más salir del trabajo que no sea demasiado tarde y volvió a acordadse de Dios a cada paso que daba. Por fin llegó, primero el barrio, luego su edificio, luego el jardín, luego su portal, las escaleras, fue sorteando cada etapa como si fuera un maratón. Cada metro que dejaba atrás pasaba más lento que el anterior, le daba tiempo a pensar, repasar su vida hasta llegar a ese barrio, a ese edificio, a ese jardín, a ese portal, a esas escaleras qué coño le digo, le explico, le pido, le ordeno, no mejor lloro un pocoNOTA DEL AUTOR: vale eso no se planea pero anda que no os ayuda.

Por fin llegó a la última etapa, la meta, la puerta de su casa. Cuando él abrió ella no pudo hablar, había pensado tanto en sus palabras que estas se amontonaban todas juntas en sus labios sin caber todas a la vez. Por eso ella hizo lo que tenía que hacer, le cogió mirando fijamente y le beso. El mejor beso que ella había dado en su vida. Para él fue sólo el primero, tanto esperar, tanta música y películas, tantos momentos a solas, pues era eso.

Él se quedó en la ciudad durante sus vacaciones, se fue un fin de semana a ver a sus padres al pueblo y poco más. Cada día fue a recogerla al trabajo, comían juntos y hacían la siesta después. Habitualmente la siesta no consisitía en descansar. Ella le miraba a los ojos sin pestañear mientras él le enroscaba y desenroscaba, ella era feliz sólo con ver sus expresiones, sentía el placer de él como si fuera el suyo. Después permanecían juntos en el sofá sin urgencias de ningún tipo. El tiempo dejó de tener importancia durante el verano.

Yo soy guapo, un tanto aniñado, sé escuchar y sé aconsejar, él es rudo, bruto, tiene cicatrices y viste como un guarro, el resto del mundo le da igual… ¿por qué todas están locas por él? Coño eso se nota.

Cuando volvió al trabajo ella ya no trabajaba a su lado, por antigüedad y trienios tenía la opción de elegir entre la cadena de montaje o un puesto administrativo. Razonó y él la entendió, si puedes elegir no tienes que seguir aquí. Ahora ella se encargaba de transmitir las ordenes del capataz a los operarios, al fin y al cabo ella conocía muy bien a todos. Debido a esta nueva tarea ella dedicaba mucho tiempo al nuevo, ya que tenía que explicarle múltiples pormenores de las rutinas de esa empresa.

Ýa no comían juntos todos los días y cuando lo hacían el nuevo enroscador era un tema recurrente de conversación:

-¿Qué te parece?

-Es raro, pero tiene algo.

-¿Como qué?´

-No sé, él sabe que es guapo, pero parece que le da igual.

-¿Es guapo?, ni me había fijado.

-Sííííííííí…

-Pero como me dices eso, yo no te hablo de las otras tuercas, también las hay muy guapas, ¿sabes?

-Es guapo pero si me conoces sabes que no me gusta ese tipo de…

-Claro (le interrumpe), contesta y sé sincera, ¿le besarías?

-¿Qué tipo de pregunta es esa? Claro que no.

-Ya eso espero, pero me refiero a que lo clasifiques, has dicho que es guapo. En una clasificación de guapos lo encuadras dentro del grupo de guapos a los que besaría o no llega a tanto.

Solían discutir a menudo, luego iban a casa y hacían el amor. Pero ya no era igual. La ternura, las miradas, el modo de besar. Ahora era todo tiempo acelerado, frenesí y aceleración. Dormir juntos, hacer el amor se había convertido en eufemismos, ahora todo era enroscar y desenroscar, tal cual.

Posted by Ambulante at 13:11:40 | Permalink | Comments (39)