Memo Tung
Tribus urbanas, ideologías políticas, deportes, música. Extrema izquierda, Gente del Partido del Bar, los del cannabis, Estirpe Imperial, España 2000, raperos, pijos, punkis, skaters y todas las subdivisones que se te ocurran dentro del rock. Todos necesitamos identificarnos con algún símbolo, desde la adolescencia intentamos integrarnos dentro de grupos de reconocimiento social, pa fardar, ligar con las niñas, las mismas que odiábamos un año antes.

Algunos se toman muy en serio estas cosas y se convierten en auténticos activistas capaces de autoinmolarte si les llevas la contraria. Yo mismo lo fui hasta unos tulliditos 20 años. En concreto fanático del rock. No era capaz de mantener una sola conversación que no girara alrededor de algún grupo, canción estilo, lo que fuera. Pero lo peor es que constantemente intentaba ganar adeptos a mi causa, la de la buena música. No soportaba nada que fuera comercial, destesté los 40, m80 y el resto de números.
El tiempo relajó mis obsesiones e incluso las substituyó por otras más mundanas como entender a las tías. Lo que también provocó el paso del tiempo es poder ver con distancia esas obsesiones. Me he dado cuenta de lo importante que es la autenticidad, palabra rara que nadie entiende. Todas estas actitudes reivindican generalmente la autenticidad como bandera de credibilidad.
Personalmente dejé de creer en la autenticidad del rock el día que los Metallica se cortaron el pelo y no creo para nada en la autenticidad de casi nada. Sólo debería existir el criterio de lo justo y lo injusto. La relatividad es uno de los males de este mundo en el que vivimos, qué es verdad, qué es mentira. Creo que mucha gente intolerante con las otras ideas, es de izquierdas o derechas dependiendo del sitio en que ha nacido, de los amigos con los que ha ido, de cómo le ha ido en la vida…
El entorno vamos. Si eres francés Zidane fue el mejor del mundial, si italiano Cannavaro, si alemán Ballack, si eres español el camarero del bar. Lo gracioso de la globalización es que ahora las referencias dejan de ser locales para convertirse en planetarias.
Recientemente un chino de china que estuvo en el mundial de Alemania, ha tenido un percance al golpear la pared de su casa, resulta del cual se ha roto el pie. Lo gracioso es que el chino en cuestión era fan de Mao Tse Tung, al cual imitaba con ahínco en gestos y vestuario. Al ver la melena del ínclito Totti moverse al viento algo cambio en su interior más profundo, se deshizo de la túnica roja y cambió el martillo por el balón, las ideas por el gol, definitivamente quería ser él, tan guapo y tan rubio y esos ojos tan de Heidi.
La cosa acabó como tuvo que acabar como el rosario de la aurora. El nuevo fan del calcio soñó que era Totti, que alentado por miles de aficionados se disponía a meter un gol decisivo, cuando el dolor le despertó él no era Totti, sólo Memo Tung y lo que acababa de chutar no era el balón del mundial sólo la pared de su casa.
Cito palabras de Mao (aunque no sea santo de mi devoción)… Luchar, fracasar, volver a luchar, fracasar de nuevo, volver otra vez a luchar, y así hasta la victoria.
Esta idea la podemos aplicar a todo, incluso a la construcción de la propia personalidad.
Jaijaijaiaji, te superas macho. Podrías presentarte como guionista para El Jueves, que los está buscando para la TV se ve que van a hacer programas en la Tv, esto es verdad, si te interesa te paso el mail para que envíes tu propuesta. Un abrazo campeón, me encanta leerte