AMOR, CELOS, OBSESIÓN Y POSESIÓN 1ºparte
El niño tornillo había conocido a la tuerca más simpática del taller sin prestar mucha atención. Ella, en cambio, se enamoró de él desde el primer día en que le vio, su modo de acariciar la rueca mientras se introducía era como un susurro en la oreja, con una sensibilidad muy especial que nunca había sentido en su corta vida.
Ella estaba acostumbrada a conseguir todo lo que se proponía, su padre aún está pagando las letras de ese aceite tan caro que ella se aplica cada mañana para manterse brillante, capricho que logró después de un mes de ruegos y chantajes.

Pero el niño tornillo no es un objetivo fácil, siempre trabajando rodeado de las otras tuercas, vulgares oxidadas no me lo robaréis, por elló tramó un plan de acercamiento y derribo realmente brillante. Para concebirlo se restó horas de sueño, ideó, planificó y contabilizó todas las posibles desviaciones del plan, tejiendo toda una red de salidas para reconducir el plan.
El primer día cambió su puesto en la cadena de montaje a una compañera ya mayor que perfería una labor más descansada. El nuevo puesto aunque más duro y exigente le permitía estar cerca de él. Ese primer día explicó a quién le preguntó que lo hacía por la pobre Tueresa, se cansa muy rápido la pobre.
Desde el primer día hasta el último de esa semana trató al niño tuerca con indiferencia, contestaciones concisas y monosilábicas. Sin embargo poco antes de acabar el turno se acercá al niño tuerco, se dejó enroscar y le dijo con una amplia sonrisa en la que mostraba sus relucientes ranuras:
-Esta noche he soñado contigo.
El niño tuerca abrió sus rasgados ojos todo lo que pudo y curioso entró en la trampa, como un tornillo maleable más que al fin y al cabo es, preguntado:
-¿Y qué hacíamos?
La presumida tuerca se alejó y con sonriso amplia se fue sin contestar.
La primera fase ya estaba hecha, él se había fijado, en esa tuerca tan generosa a la par que misteriosa. Las semanas siguientes transcurrieron conforme al plan previsto, él intimaba con ella de modo fálsamente espontáneo, ya que ella todo lo tenía controlado. Hasta que una noche todo surgió según lo planeado.
Dicha noche se celebraba el aniversario de la invención del motor diésel y para la ocasión todos los tornillos, las tuercas, las arandelas e incluso los toscos clavos se acicalaban con sus mejores pinturas barnizadas y sales yodadas. Ella se las ingenió para sentarse cerca de él en la cena, el niño tornillo ya la esperaba.
La cena transcurrió con muchas risas y unas cuantas copas de gasoil de más, y en esas que llegó la hora de bailar. Ella le invitó a un chupito de gasolina de 98 octanos, algo muy fuerte para él y cuando acabó le susurró cerca del surco eres genial. Él sonrió e intentó besarla, pero ella le evitó.

