El nuevo puesto de ella consumía todas las semanas parte de su tiempo libre, ya que debía acudir a diversas comidas y cenas y otros actos corporativos de la fábrica, ya que ella constituia el enlace entre la dirección y el resto de operarios y como tal debía acudir.
El niño tornillo se había acostumbrado a pasar mucho tiempo con ella y ahora que ella estaba tanto tiempo fuera, él se sentía solo. Intentaba acordarse de la múltiples peleas y discusiones absurdas que compartían casi con reiteración religiosa. Esos esfuerzos por acordarse de lo malo de ella, no era un bálsamo que pudiera curar su herida de soledad, estando solo te ahorras muchos malos momentos, esta y otras frases se las repetía a sí mismo cada vez que su tiempo libre le consumía, cada vez que se sentaba delante de la tele a ver Dónde estás motor, o cada domingo que se levantaba pronto sin nada que hacer.
Un lunes gris como cualquier lunes, él fue a esperarla a la fábrica a la hora en que ella tenía que salir. Ella tardó un poco en salir, pero tardó poco en ponerse nerviosa.
-Cariño qué haces, por qué no me has avisado.
-Entonces no te habría dado una sopresa, siempre me pides que te dé alguna.
-Ya mi amor, pero no sin decirme que vienes a buscarme…
-Incluso te quejas de que no lo hago.
-Me gusta que hayas venido a por mí, pero tengo que ir a hablar con unos proveedores a acompañar al director de Válvulas. ¿Sabes que hacemos?, cuando salga voy a tu casa y te invito a cenar.

Él regresó por donde había venido sintiendo que a medida que volvía a su casa su ira se incrementaba. De camino desenroscó una valla, enroscó la cerradura de una cabina de engranaje dejando encerrada a gente dentro y despegó todos los carteles publicitarios que se encontró, esas sonrisas de los modelos le ponían enfermo todo lo que decís es mentira, la felicidad no existe, como mucho el aburrimiento.
Sentado en su sofá comprendió que en el fondo no quería verla, si había ido era para hacerla feliz, yo odio improvisar y se propuso no hacer nunca más nada que no deseara realmente hacer.
Salió rodando de su casa, entró en un parque, se fijó en las caras de la gente, las estúpidas sonrisas de los padres al ver saltar a sus hijos, de las sonrisas encantadoras de las tuercas guapas, coño con las niñas bonitas que hay, las parejas le parecían todas estúpidas, pero inmediatamente se sentía muy solo.
Cuando salió del parque se sentía más solo que cuando entró, pero cuando leyó el nombre de la calle en que estaba (c/Fuendetodos) se dio cuenta de que también se sentía bastante más desesperado, se acordó de una reseña que había leído en deputasenmadrid.blogspot.com enterádose de que tenía un burdel al lado de casa.
Cuando salía de su casa se había puesto a andar dirigiéndose hacia allí, él no se había dado cuenta, ni siquiera sabía para qué salía, pero poco a poco todo cobró sentido. Llegó hasta el portal, un poco viejo, por lo demás un portal residencial cualquiera. Desde que lo descubrió sintió mucha curiosidad, recordaba el portal y el número desde entonces, llamó y le abrieron sin preguntar.
Una torna un poco desgastada, ya mayor le recibió y le hizo pasar. Pudo elegir entre cinco chicas muy diferentes entre sí pero con una buena medida de rueca todas ellas. Eligió a Lucía señalándola con el dedo. Ella le hizo acompañar a una sala contigua y una vez hubo pagado por adelantado, se lavó, se desnudó y le pidió a él que hiciera lo mismo…
Nuevamente sentado en su sofá él se sintió raro, un poco calmado por el acto de liberación individualista que acababa de perpetrar, pero igual de solo que antes. Miró tresmil veces el reloj, ya era demasiado tarde se hizo un poco de cena, botes de comida precocinada para soleteros, había entrado de nuevo en ese grupo de consumidores.
Ella llegó pasadas las 23h, él la recibió frío como si le diera igual, como si no hubiera mirado el reloj otras tres o cuatromil veces, como si no hubiera pensado en ella, más bien en ella con otro, en lo bien que lo haría el director ese, él sin embargo había tenido que pagar. Fueron al cine y él no dejó de pensar. Cada imagen de ella con un tío, él la intentaba ahogar para siempre recordando su sesión vespertina de sexo profesional. Momentáneamente esos relámpagos de luz se dormían pero se volvían a despertar cuando en la pantalla de cine los protagonistas se abrazaban, ahora no eran actores eran ella y el nuevo de la empresa los que se besaban y acostaban juntos.
Por la mañana en el trabajo él vio que ella no estaba en la fábrica, la jornada trasncurrió muy lenta, cada torcar era acompañado de una mirada panorámica buscándola, sin conseguirlo. Intentaba concetrarse en la tarde anterior intentando verse a sí mismo haciendo el amor con la bella Lucía, en su mente el profesional era él y le daba a Lucía toda una lección. Esta terapia le funcionaba fugazmente y a última hora ya no tenía ninguna eficacia, todo era ella y cualquiera, siempre más guapo, más estiloso y mejor en la cama que él, eso sí, sin rostro.
Así que por la tarde volvió a por más. Esta vez eligió a Jesy para su affaire, aunque Lucía era el centro de su deseo no quería perder el control, quería ser él quien digera cuándo y cómo aunque en cuanto al cuánto tuviera poco margen de decisión. Dentro de la habitación espero a que Jesy se lavara y ya saldado el tema económico se abalanzó sobre ella y la desnudó violentamente obligándola a postrarse en el lecho. Él estaba ejerciendo de portavoz, estaba diciendo lo que había que hacer, quedando Jesy totalmente sumisa a su voluntad.
Aceite sin filtrar bien calentito y ruecas crujientes, su plato favorito. Cambiaría mil veces mil este plato, las tardes en el burdel y todas los actos de onanismo por compartir una arandela oxidada con ella.
-Puedo cambiar, dime qué hago mal.
-Lo siento mucho, te quiero como nunca he querido a nadie, pero he cambiado, no soy la misma.
-Pero yo puedo cambiar contigo, podemos hacerlo juntos.
-No creo, la gente no cambia, no en las cosas importantes.
Cuando acabó su plato se dio cuenta de que ni lo había saboreado, el gusto igual que el resto de sus sentidos estaban ocupados en acordarse de ella. Fue al fregadero lavó lo que hanía sucio: bueno, ya no hay nada por hacer y se acostó.
No podía dormir, si cerraba los ojos la veía como en sueños, tan bonita, tan mágica, tan mejor que él, si los abría todo eran recuerdos de ella. Se puso en pie y salió corriendo. Pasó por delante del burdel y continuó, incluso el burdel le recordaba a ella, todo lo hacía por ella, hoy empieza mi nueva vida.
Encontró una discoteca a la salida de la carretera 3n1, entró, miró el ganado y se acercó a la barra, bebió todo lo que pudo lo más deprisa que pudo y se acercó a la pista. Se arrimó a las tuercas más guapas obteniendo la ignorancia más absoluta por respuesta, así que continuó por las que tenían aspecto de busconas, aunque se dio cuenta de que en ese momento todas lo parecían. Durante un segundo se dio cuenta a sí mismo de su patetismo y fue consciente de que no conseguiría lo que se proponía, así que obró por mezclarse entre la muchedumbre e intentó tocar todo lo que pudo escudándose en el anonimato de la masa.
Llegó a casa casi de día.
Sólo.
Salido.
Solo.
¿Por qué es tan testaruda? Si no se da cuenta ella sola haré algo tan especial y tan grande que se tiene que dar cuenta, además… se quedó dormido fruto de las grandes cantidades de óxido ingeridas esa noche, aunque con un nuevo propósito que él haría poruqe así lo quería él, ella ni se lo pedía. Aún no había perdido el control.